Una misión sin prisas: la IA traza la ruta hacia Alfa Centauri
La Fermi Explorer Mission planea lanzar una nave hacia Alfa Centauri en 2029. El viaje durará 80.000 años, pero la ruta la ha diseñado una IA.

La Fermi Explorer Mission, una organización sin ánimo de lucro, ha anunciado que quiere lanzar una nave espacial a Alfa Centauri, el sistema estelar más cercano, a finales de 2029. Si todo sale bien, la nave tardará unos 80.000 años en llegar. La novedad no es el destino, sino la ruta: la ha calculado un sistema de inteligencia artificial desarrollado por Physical Superintelligence (PSI), un laboratorio de física computacional que se presenta hoy con 58 millones de dólares de financiación liderada por Breakthrough Energy, el fondo climático de Bill Gates.
No es la primera vez que alguien lo intenta. En 2016, el inversor Yuri Milner anunció Breakthrough Starshot, un plan para lanzar sondas diminutas impulsadas por láseres a una quinta parte de la velocidad de la luz, lo que habría permitido llegar en unos 20 años. Milner puso 100 millones de dólares para una prueba de concepto, pero una década después no ha despegado nada. "No queríamos hacer otro Breakthrough Starshot", dice Philip Johnston, cofundador y presidente de Fermi Explorer. "Estamos empeñados en que algo se lance de verdad".
La nueva misión, financiada por donantes privados, costará unos 15 millones de dólares. Para ajustarse a ese presupuesto, "no nos limitamos a hacerlo en una vida humana", explica Johnston. "Vamos a encontrar la manera de llegar a otra estrella". La nave llevará al menos un kilo de carga, incluidos mensajes, experimentos científicos y una copia del Golden Record, el disco de sonidos e imágenes de la Tierra que la NASA colocó en las Voyager en 1977.
La IA encuentra la ruta
Ingeniar un viaje interestelar es complicado. Alfa Centauri está a unos 40 billones de kilómetros. La Voyager 1, uno de los objetos más rápidos jamás lanzados, lleva desde 1977 y ha recorrido menos del 1% de esa distancia. A ese ritmo, tardaría más de 70.000 años.
El equipo de Johnston pasó un año intentando encontrar una forma de que una nave solar pequeña y barata llegara a Alfa Centauri. El problema era cómo darle suficiente potencia sin que el peso se disparara. Tras dar vueltas, Johnston lo comentó en un podcast de Alex Wissner-Gross, físico y cofundador de PSI. Wissner-Gross le ofreció probar con Get Physics Done, un software de código abierto que descompone un problema de física en tareas más pequeñas y decide qué simulaciones ejecutar, usando modelos como Claude de Anthropic o GPT de OpenAI.
Una semana después, la IA propuso una trayectoria que sorprendió al equipo. Según un artículo aún sin revisión por pares, la combinación de maniobras orbitales conocidas no se les había ocurrido. La idea es que la nave frene primero para acercarse al Sol más que Mercurio. En cada paso cercano, encendería el motor para que los paneles solares reciban cuatro veces más luz, y el impulso en ese punto daría más energía que en cualquier otro lugar. Así, los paneles podrían ser pequeños y la nave ligera.
El sistema trabajó casi solo durante tres días, consumiendo mil millones de tokens, según Matt Pines, cofundador y CEO de PSI. Un astrofísico del equipo supervisó el proceso, pidió análisis de costes y gráficos más claros, y revisó los errores. "El hecho de que propusiera un perfil de misión completamente distinto, creativo y que no habían considerado, fue lo más sorprendente", dice Pines. Aun así, reconoce que el modelo carece del criterio de un investigador humano: no sabe qué problemas son interesantes ni qué enfoques valen la pena, así que a veces se queda en callejones sin salida. "No creo que hayamos descubierto cómo estos modelos pueden representar internamente algo así", comenta.
La paradoja de Fermi
Aunque la sonda se lance, Johnston es realista: "Estamos seguros de que no seremos los primeros en llegar". Si dentro de mil años un motor es solo un 20% más rápido, una nave lanzada entonces llegaría antes que la de Fermi por más de 10.000 años.
Pero el proyecto no es solo ingeniería. También busca responder a una de las preguntas más antiguas de la física: la paradoja de Fermi. En 1950, Enrico Fermi se preguntó por qué, con cientos de miles de millones de estrellas, no vemos señales de vida inteligente. Una civilización que viajara lentamente podría extenderse por la galaxia en unos pocos millones de años. Si no vemos nada, quizá viajar entre estrellas es demasiado difícil, o quizá otras especies no se han molestado. Si la sonda de Fermi se lanza, nos convertimos en una civilización que puede y quiere llegar a otra estrella, lo que descartaría ambas explicaciones. Eso apunta a posibilidades más inquietantes, según Johnston: tal vez la vida como la nuestra es rarísima, o quizá la vida inteligente tiende a extinguirse antes de expandirse. Si fuera así, "una de esas razones podría ser que la superinteligencia es autodestructiva", dice. "Quizá en los próximos 50 años hay un gran filtro que no logramos atravesar. Que todas las civilizaciones inteligentes, por alguna razón, no lo logran".
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