AI logra ejecutar RCE en PLCs, pero su costo mantiene a los ciberdelincuentes alejados
Investigadores de Forescout demostraron que la IA puede portar vulnerabilidades de ejecución remota a controladores lógicos programables, pero el proceso exige más de 500 dólares en servicios API y mucho trabajo humano.

En un experimento reciente, los analistas de Forescout mostraron que la IA puede trasladar una vulnerabilidad de ejecución remota (RCE) de un PLC a otro, provocando un denegado de servicio y la ejecución de código shell. La prueba no fue tan sencilla como parece. Se necesitó un aporte importante de investigadores y más de 500 dólares en llamadas a APIs.
El objetivo era sencillo: comprobar si los delincuentes pueden usar la IA para localizar y explotar fallos de día cero en la tecnología operativa (OT). El resultado fue un éxito técnico, pero con varias limitaciones. La primera fue el coste. Cada llamada a la API de la IA aumentó el presupuesto y, al final, se gastó una cifra que, aunque modesta para un atacante estatal, sería prohibitiva para un ciberdelincuente común.
Además, el proceso demandó una intervención constante de un investigador. La IA no puede, por sí sola, atravesar las barreras de software cerrado que rodean a la mayoría de los PLC. El equipo tuvo que guiar al modelo, ajustar parámetros y depurar errores hasta lograr la ejecución de código.
El experimento también mostró que la IA puede generar un DoS, lo que hace que el PLC deje de responder. En un intento posterior de ampliar la explotación, el dispositivo quedó inutilizable. “Estas limitaciones nos enseñan que, aunque la IA puede asistir en la explotación de OT, no es una solución plug‑and‑play”, comentó el informe.
Para la mayoría de los actores criminales, la complejidad y el coste hacen que la IA no sea una opción atractiva. Los ataques tradicionales, que utilizan herramientas de explotación preexistentes, siguen siendo más rápidos y baratos. Sin embargo, la amenaza no desaparece.
Los atacantes estatales, con recursos ilimitados, pueden absorber los costos adicionales. En 2025, el grupo Sandworm aprovechó una vulnerabilidad en la red eléctrica de Polonia, demostrando que los dispositivos industriales son blancos de alto valor. En ese caso, una inversión de 500 dólares es una gota en el océano de sus presupuestos.
El experimento no cubre la posibilidad de que una nación use la IA para escalar ataques a gran escala. Si el objetivo es desestabilizar infraestructuras críticas, la IA podría acelerar la identificación de vulnerabilidades y la generación de exploits personalizados.
En definitiva, el uso de IA en la explotación de OT es un paso técnico, pero no una amenaza inmediata para la mayoría de los atacantes. La comunidad de seguridad debe continuar monitoreando las herramientas de IA y asegurarse de que los controles de acceso a APIs y el monitoreo de anomalías en la red industrial se refuercen.
El futuro de la ciberseguridad en OT dependerá de cómo equilibrar la facilidad de uso de la IA con la necesidad de proteger los sistemas que sostienen la vida diaria de millones de personas.


